Sputnik, mi amor.

Haruki Murakami (Reseña)

Vicente Bohórquez

Fecha: 2016-11-01


En el desarrollo de las telecomunicaciones, sin duda los satélites artificiales se llevan las palmas, sin ellos el planeta no podría tener la rapidez e inmediatez tan exigida hoy día. Al mismo tiempo, se han convertido en las nuevas estrellas del firmamento dada su posición relativamente cercana a la Tierra; son objetos que en palabras de Murakami en su Sputnik, mi amor son: “unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito”.

 

El autor

 

Haruki Murakami es un reconocido escritor japonés. Nació en la ciudad de Kioto un 12 de enero de 1949. Es más conocido por sus novelas -a la fecha poco más de 12-, pero también por su faceta prolífica de cuentista. Su entorno familiar tuvo mucho que ver en su vocación, tal vez no podía haber sido de otra forma, considerando que sus padres daban clases de literatura japonesa. Sin embargo su irrupción como escritor fue relativamente tardía,  pero el vivir en una ciudad portuaria (con un gran intercambio no sólo comercial sino cultural), así como el hecho de haber trabajado en una tienda de discos donde su melomanía se desarrolló exponencialmente, determinó en cierta forma la manera de escribir de Murakami, uno de esos japoneses occidentalizados y fanáticos de la cultura popular y amante del atletismo.

 

En Murakami podemos encontrar esa fascinante mezcla que nos hace cercano a él, en tanto que aborda temas conocidos de este lado del mundo, pero con ciertos toques de la idiosincrasia oriental, que se retrata en sus personajes dotándolos de una cercanía-lejanía añorable, donde la soledad se hace recurrente y donde lo cotidiano se hace presente con la música y los gadgets de su momento.

 

Pese a ser un autor continuamente subvalorado, ubicándolo incluso en categorías de “literatura para adolescentes” o ligera, vemos que sus temáticas son universales y de gran complejidad en muchos casos. A lo largo de su obra, sin embargo tenemos como constante una atracción por las relaciones tormentosas, pero donde la fantasía y el misterio aparecen en escena para modificar el discurso inicial alejando los visos de una historia costumbrista.

 

Contexto

 

Sputnik, mi amor, ve luz en 1999, es el año previo a la paranoia del año 2000 donde por una falta de previsión en el formato de fecha de sistemas y aparatos electrónicos (que manejaban la fecha calendario bajo el formato dd:mm:aa), colapsaría al no existir un error de fechas. Al final del año, se pudieron parchar sistemas críticos y no pasó a mayores, sin embargo si hubo momentos de tensión con ligeros tufos de catástrofe donde se consideraba posible apagones con la consecuente reacción en cadena provocando un caos de dimensiones inimaginables.

 

Asimismo 1999 fue el año del lanzamiento de la sonda espacial Mars Polar Lander con misión de aterrizaje en Marte, pero de la que lamentablemente se perdió toda comunicación poco antes de que pudiera tocar suelo marciano. Estados Unidos devuelve el Canal de Panamá y en Europa entra en vigor el Euro como moneda de uso corriente. En el cine, aparecieron las películas de culto, El Club de la Pelea, Matrix y la precuela de la franquicia de Star Wars Episodio I, La amenaza fantasma.

 

La obra

 

Al igual que funcionan los satélites artificiales, Murakami nos lleva al mundo de un relato triangulado, donde amores que intentan ser correspondidos no lo son, no pueden ser o no quieren ser. K, el narrador con conflicto de interés en la historia, a lo largo de 16 capítulos narra la relación con Sumire, su amor imposible pero al mismo tiempo su mejor amiga, quien está en busca de su sueño: convertirse en escritora.

 

Sputnik Mi amor, está ambientada además por música clásica con referencias directas a Schubert, Bach, Mozart, Beethoven y Chopin, así como unos toques de bossanova. Presenta a los personajes enfundados en la moda de finales de los 90, y con evidente fijación a la cultura pop sofisticada, muy en la onda postyuppie donde la tecnología va introduciéndose cada vez más en la vida cotidiana.

 

Recordemos que para la fecha de ambientación de la novela, la Internet apenas se está masificando junto con el uso del correo electrónico, las velocidades de conexión son lentas y de hecho la mayoría eran vía modem. Ni hablar aún de teléfonos celulares omnipresentes, pero esa circunstancia permite amarrar la historia ante la imposibilidad de una comunicación rápida y eficiente.

 

Sumire en una confusión de conceptos y términos encuentra en Myû a su epifanía su compañera de viaje y su propio amor platónico. Myû, es una mujer madura, experimentada y de mundo algunos años mayor que Sumire pero de quien queda terriblemente atraída al grado de …

 

K, tiene que vivir con la amarga verdad de que Sumiré no le corresponderá en la forma que pretende. Tendrá que vivir con la ausencia de ella, pero en una vuelta de tuerca en la historia caminará sobre sus pasos para entenderse a sí mismo y continuar con Sumiré, aunque sea en otro plano.

 

Murakami, nos presenta una novela donde hay un abierto planteamiento de amor lésbico en épocas que todavía era políticamente incorrecto o por lo menos, no muy común. Sin embargo la línea conductora de la historia va más allá de ese plano y camina sobre las aguas de la nostalgia, el autoperdón y la soledad, donde igual que un satélite orbitando sobre la tierra ellos estarán como “unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa”.



Etiquetas: sputnik,Haruki Murakami,satelites

Revista Hacia El Espacio de divulgación de la ciencia y tecnología espacial de la Agencia Espacial Mexicana.




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