De Culiacán al espacio

Alejandro Franco

Fecha: 2013-09-01


Carmen Victoria Félix Cháidez es una inquieta joven que participa entusiastamente en diversas actividades de la comunidad espacial internacional, Maestra en Ciencias espaciales por la International Space University en Francia, obtuvo su licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones, es originaria de Culiacán, Sinaloa. Para Carmen todo es posible si se trabaja duro para lograrlo. Nos llamó la atención su trayectoria en el ejercicio de su profesión por lo que le pedimos que compartiera con los lectores de Hacia el Espacio su viaje de Culiacán al espacio y sobre los diferentes proyectos en los que ha participado en este interesante ámbito.

 

 

Parte 1: El deseo por aprender y compartir
 
He tenido la oportunidad de compartir mis experiencias personales y laborales en algunas conferencias en México, y lo he hecho por la satisfacción que me da el compartir mi conocimiento e inspirar a más jóvenes a luchar por abrirse camino en sus distintas profesiones. Ahora, tengo la oportunidad de compartir por escrito con ustedes, una serie de artículos en los que estaré relatando mis experiencias. Antes que nada, quiero comentar que ha habido jóvenes que se acercan y me preguntan ¿Cómo fue que empezaste?, ¿Qué fue lo que hiciste? Bien, debo decir que cuando decidí dedicarme al sector espacial no tenía idea de las dificultades que enfrentaría en todos los aspectos, no tenía en mi cuenta de banco todo el recurso económico para pagar la mejor educación, no tenía contactos en el sector… pero tenía fe, tenía la pasión que me serviría para no desalentarme, tenía la oportunidad de obtener becas, y tuve el gusto de aprender una lengua extranjera para expandir mis oportunidades. Creo que estas cosas básicas son algo que todos las personas pueden tener, lo demás, depende de cada quien.  
 
Soy mexicana, nacida en la hermosa ciudad de Culiacán, y recuerdo muy bien cuando mi gusto por el universo comenzó a crecer en mí, una noche en la que mi papá me pidió que saliéramos a ver el cielo para enseñarme las estrellas. Tenía 5 años y fue esa noche en la que aprendí lo que eran las constelaciones, Orión y Las Pléyades fueron las que más se me quedaron grabadas. Esa experiencia despertó en mí un deseo por aprender e investigar que había más allá de las estrellas, como era que brillaban, porque había fases de la luna, los planetas y me imaginaba cuantas cosas extraordinarias podrían existir en el espacio. Crecí leyendo sobre los viajes a la Luna, aprendiendo sobre Neil Armstrong y aunque poco sabia sobre la historia de la carrera espacial, yo deseaba dedicar mi vida a la exploración espacial, ir a la Luna o a Marte. A la edad de 12 años, cuando tuve la oportunidad de tener acceso a internet, recuerdo que busque en internet el sitio de la NASA, en específico, todo lo relacionado a: ¿Qué hacer para trabajar ahí? ¿Qué hacer para ir al espacio? En México no había algo similar a la NASA, y yo no había escuchado de ningún otro lugar que hiciera lo que NASA hacía. Anote todos los requisitos en una lista, y me visualizaba cumpliendo cada uno de ellos, enfocándome desde ese momento a aprender un inglés perfecto, para mi esa era la barrera más obvia a mis 12 años. Durante mi secundaria, dedicaba tiempo de mis tardes a aprender inglés, y en vacaciones lo hacía casi todo el día. El único requisito que no podía cumplir era ser ciudadano estadounidense, pero nunca lo vi como un obstáculo, confié en que habría alguna otra manera de solucionarlo.


 Al momento de escoger una carrera pensé en Astronomía o Ingeniería Aeroespacial, pero ninguna de esas carreras se encontraba en Culiacán. En esos momentos para mi familia era muy complicada la idea de que saliera y viviera en otra ciudad, por lo que decidí inscribirme en Comercio Internacional en Culiacán. Dos meses después de que empecé Comercio, casualmente leí en una agenda de mi escuela, que un grupo de estudiantes de ingeniería física de Monterrey harían un viaje al centro de NASA en Houston, y en ese mismo momento decidí que iría. El viaje estaba programado durante la misma semana en la que yo tenía mis exámenes de medio término, y era prohibido moverlos de fecha. Aun no puedo explicar cómo fue que convencí a cada uno de mis 7 maestros en Comercio Internacional, a que me adelantaran los exámenes, para poder ir a un viaje de estudios con Ingenieros Físicos. Sin conocer a nadie, me uní a ese grupo de estudiantes por una semana, y esa experiencia me impulso más fuerte que nunca a seguir mi sueño de niña. Visitamos varias empresas, y entre ellas, el Johnson Space Center de NASA. Tuvimos la oportunidad de asistir al Congreso Mundial del Espacio que se celebraba en esas mismas fechas, y donde tuve interacción por primera vez con astronautas e ingenieros que trabajaban en el proyecto de la Estación Espacial Internacional. Aproveche cada momento platicando con todas las personas que pude acerca de los proyectos que tenían cada una de las agencias, acerca de las oportunidades educativas, y me lleve el consejo que me dieron los astronautas Scott Altman y Mike Massimino cuando les pregunte sobre que debería de estudiar o hacer para poder dedicarme a lo que ellos hacían, la respuesta fue sencilla: “Yo te podría decir una carrera en específico, pero no tendría importancia, porque lo que debes de estudiar es lo que realmente te apasiona, lo que te haga feliz y que disfrutes, ya que si lo disfrutas, serás muy buena en ello y nosotros estamos buscando gente que sea buena en lo que hace, y que lo haga porque es su verdadera pasión, y no solo para ser astronauta o para llegar al programa espacial”.      

En menos de 2 semanas después de que realice este viaje, ya había metido papeles para la admisión a la carrera de Ingeniería en Electrónica y Comunicaciones, había solicitado un permiso de cambio de carrera y de campus a la ciudad de Monterrey, y había solicitado una beca. Dos meses después, me preparaba para empezar mi carrera de Ingeniería en el ITESM Campus Monterrey.
 
Al llegar a Monterrey, busque en mi escuela una sociedad de alumnos dedicada a las ciencias del espacio, pero tristemente la única que había existido se había disuelto algunos años atrás. Me invitaron a ser parte del Consejo Juvenil Chipinque, quienes hacían actividades para mejorar el medio ambiente y preservar el parque Chipinque en Monterrey. El parque cuenta con un observatorio, el cual había estado sin usarse desde hacía tiempo y me propusieron el empezar un plan para re-activarlo. Durante esa época, me toco dar clases y seminarios sobre astronomía a algunos de los grupos de estudiantes que visitaban el parque. Mi mayor interés era el de poder hacer uso del observatorio durante las noches, pero por políticas de seguridad del parque, no nos permitían subir hasta el observatorio durante las noches, ya que el tramo de subida en la montaña era peligroso y obscuro, y quería evitar posibles accidentes. Tuvimos algunas tardes de observación al sol utilizando los filtros solares, y aunque mi idea era poder hacer eventos de observación durante las noches, eso no fue posible durante esa época.
 
Me mantenía informada de eventos interesantes, e incluso durante los congresos estudiantiles que realicé, invité a personal del INAOE a dar algunas conferencias en Monterrey. Asistí al XX Congreso Nacional del Astronomía en Morelia, y aunque mi área fuerte no era la astronomía, me encanto conocer estudiantes y profesionistas en esa área, aprendiendo de ellos y de sus presentaciones.
 
Al graduarme de la universidad, tenía claro que quería seguir estudiando una maestría pero quería que fuera en algo más específico, algo enfocado al sector espacial. Deseaba que México tuviera un programa espacial, y aunque se escuchaban algunas ideas, no había nada establecido. Me tomo tres años el encontrar lo que bien puedo describir como la maestría de mis sueños. Durante tres años trabajé para AT&T y Texas Instruments, quería ganar experiencia y necesitaba pagar parte de mis estudios universitarios, pero nunca dejé de buscar una oportunidad para seguir con mi maestría. Cuando me decidí a dejar todo atrás y seguir mi instinto, recordé lo que alguien me dijo un día: “Si vas por el camino que te dirige hacia lo que quieres lograr, nadie te asegura que llegarás hasta donde tu más quieres, pero quédate segura de que mientras sigas tu sueño, encontrarás cosas maravillosas en el camino, y eso valdrá la pena”. Esa decisión de renunciar a mi trabajo y a la seguridad que ya tenía establecida en mi vida en ese momento por seguir lo que me apasiona hacer, no fue fácil pero eso me llevaría entre muchas otras cosas, a Francia, a conocer de fondo el sector espacial, a trabajar en NASA Ames, a iniciar el proyecto PhoneSat, a publicar artículos en revistas internacionales, a participar en simulaciones de exploración en Marte llevados a cabo en Austria y España, a colaborar en el Google Lunar X-prize, a presentar el trabajo de la IAASS en la Asamblea Anual de Usos pacíficos del espacio exterior en la ONU, a representar a México a través de Space Generation, a presentar trabajos en el IAC, a visitar la capsula de Yuri Gagarin (el primer hombre en viajar al espacio), a visitar el centro de entrenamiento de astronautas en Rusia, a conocer la nave Rusa Buran, las naves estadounidenses Endeavour y Atlantis durante su chequeo de sistemas, a presenciar 3 despegues de cohetes, a volar cohetes a escala desde la misma plataforma de despegue que Apollo 11, el Launch Pad 39A, documentar experimentos para astronautas en la Estación Espacial Internacional, a colaborar con Google, colaborar en el proyecto Mars500, a proponer y llevar acabo veranos y estancias profesionales para estudiantes mexicanos y a trabajar y conocer personas como Buzz Aldrin, segundo hombre en pisar la luna, Pete Worden, Director de NASA Ames, Bob Cabana, astronauta y director de NASA Kennedy, Charles Bolden, Director de NASA, Lori Garver, ex Sub directora de NASA, Steve Jurvetson, miembro de la mesa directiva de SpaceX, William Pomerantz, vicepresidente de proyectos en Virgin Galactic, Chris Stott, ManSat CEO, y decenas de astronautas que hoy son amigos y ejemplos a seguir, y muchas más personas de las que he aprendido y sigo aprendiendo cada día.
 
Les estaré contando las enseñanzas que recibí en cada una de estas experiencias, no sin antes decirles algo que mencionó Pete Worden, Director de NASA Ames, hace dos semanas en una presentación en Estrasburgo: “En este sector, hay que ser persistentes”. Algo totalmente cierto, y que he aprendido por experiencia propia, algo que en efecto, se debe tener en cuenta siempre!



Referencias:

Alejandro Franco Estudiante de Ingeniería Biomédica UNAM



Etiquetas: Actividades,espaciales,estudiantes,programas

Revista Hacia El Espacio de divulgación de la ciencia y tecnología espacial de la Agencia Espacial Mexicana.




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