Carmen Félix

Redacción Hacia el Espacio

Fecha: 2016-02-01


Soy mexicana, nacida en la hermosa ciudad de Culiacán, y recuerdo muy bien cuando mi gusto por el universo comenzó a crecer en mí, una noche en la que mi papá me pidió que saliéramos a ver el cielo para enseñarme las estrellas. Tenía 5 años y fue esa noche en la que aprendí lo que eran las constelaciones, Orión y Las Pléyades fueron las que más se me quedaron grabadas. Esa experiencia despertó en mí un deseo por aprender e investigar que había más allá de las estrellas, como era que brillaban, porque había fases de la luna, los planetas y me imaginaba cuantas cosas extraordinarias podrían existir en el espacio. Crecí leyendo sobre los viajes a la Luna, aprendiendo sobre Neil Armstrong y aunque poco sabia sobre la historia de la carrera espacial, yo deseaba dedicar mi vida a la exploración espacial, ir a la Luna o a Marte. A la edad de 12 años, cuando tuve la oportunidad de tener acceso a internet, recuerdo que busque en internet el sitio de la NASA.            

 

Al momento de escoger una carrera pensé en Astronomía o Ingeniería Aeroespacial, pero ninguna de esas carreras se encontraba en Culiacán. En esos momentos para mi familia era muy complicada la idea de que saliera y viviera en otra ciudad, por lo que decidí inscribirme en Comercio Internacional en Culiacán. Dos meses después de que empecé Comercio, casualmente leí en una agenda de mi escuela, que un grupo de estudiantes de ingeniería física de Monterrey harían un viaje al centro de NASA en Houston, y en ese mismo momento decidí que iría. El viaje estaba programado durante la misma semana en la que yo tenía mis exámenes de medio término, y era prohibido moverlos de fecha. Aun no puedo explicar cómo fue que convencí a cada uno de mis 7 maestros en Comercio Internacional, a que me adelantaran los exámenes, para poder ir a un viaje de estudios con Ingenieros Físicos. Sin conocer a nadie, me uní a ese grupo de estudiantes por una semana, y esa experiencia me impulso más fuerte que nunca a seguir mi sueño de niña. Visitamos varias empresas, y entre ellas, el Johnson Space Center de NASA. Tuvimos la oportunidad de asistir al Congreso Mundial del Espacio que se celebraba en esas mismas fechas, y donde tuve interacción por primera vez con astronautas e ingenieros que trabajaban en el proyecto de la Estación Espacial Internacional. Aproveché cada momento platicando con todas las personas que pude acerca de los proyectos que tenían cada una de las agencias, acerca de las oportunidades educativas, y me lleve el consejo que me dieron los astronautas Scott Altman y Mike Massimino cuando les pregunte sobre que debería de estudiar o hacer para poder dedicarme a lo que ellos hacían, la respuesta fue sencilla: “Yo te podría decir una carrera en específico, pero no tendría importancia, porque lo que debes de estudiar es lo que realmente te apasiona, lo que te haga feliz y que disfrutes, ya que si lo disfrutas, serás muy buena en ello y nosotros estamos buscando gente que sea buena en lo que hace, y que lo haga porque es su verdadera pasión, y no solo para ser astronauta o para llegar al programa espacial”.


 
En menos de dos semanas después de que realicé este viaje, ya había metido papeles para la admisión a la carrera de Ingeniería en Electrónica y Comunicaciones, había solicitado un permiso de cambio de carrera y de campus a la ciudad de Monterrey, y había solicitado una beca. Dos meses después, me preparaba para empezar mi carrera de Ingeniería en el ITESM Campus Monterrey.
Al llegar a Monterrey, busque en mi escuela una sociedad de alumnos dedicada a las ciencias del espacio, pero tristemente la única que había existido se había disuelto algunos años atrás. Me invitaron a ser parte del Consejo Juvenil Chipinque, quienes hacían actividades para mejorar el medio ambiente y preservar el parque Chipinque en Monterrey. El parque cuenta con un observatorio, el cual había estado sin usarse desde hacía tiempo y me propusieron el empezar un plan para re-activarlo. Durante esa época, me toco dar clases y seminarios sobre astronomía a algunos de los grupos de estudiantes que visitaban el parque. Mi mayor interés era el de poder hacer uso del observatorio durante las noches, pero por políticas de seguridad del parque, no nos permitían subir hasta el observatorio durante las noches, ya que el tramo de subida en la montaña era peligroso y obscuro, y quería evitar posibles accidentes. Tuvimos algunas tardes de observación al sol utilizando los filtros solares, y aunque mi idea era poder hacer eventos de observación durante las noches, eso no fue posible durante esa época.


 
Me mantenía informada de eventos interesantes, e incluso durante los congresos estudiantiles que realicé, invité a personal del INAOE a dar algunas conferencias en Monterrey. Asistí al XX Congreso Nacional del Astronomía en Morelia, y aunque mi área fuerte no era la astronomía, me encanto conocer estudiantes y profesionistas en esa área, aprendiendo de ellos y de sus presentaciones.
 


Al graduarme de la universidad, tenía claro que quería seguir estudiando una maestría pero quería que fuera en algo más específico, algo enfocado al sector espacial. Deseaba que México tuviera un programa espacial, y aunque se escuchaban algunas ideas, no había nada establecido. Me tomo tres años el encontrar lo que bien puedo describir como la maestría de mis sueños. Durante tres años trabajé para AT&T y Texas Instruments, quería ganar experiencia y necesitaba pagar parte de mis estudios universitarios, pero nunca dejé de buscar una oportunidad para seguir con mi maestría. Cuando me decidí a dejar todo atrás y seguir mi instinto, recordé lo que alguien me dijo un día: “Si vas por el camino que te dirige hacia lo que quieres lograr, nadie te asegura que llegarás hasta donde tu más quieres, pero quédate segura de que mientras sigas tu sueño, encontrarás cosas maravillosas en el camino, y eso valdrá la pena”. Esa decisión de renunciar a mi trabajo y a la seguridad que ya tenía establecida en mi vida en ese momento por seguir lo que me apasiona hacer, no fue fácil pero eso me llevaría entre muchas otras cosas, a Francia, a conocer de fondo el sector espacial, a trabajar en NASA Ames, a iniciar el proyecto PhoneSat, a publicar artículos en revistas internacionales, a participar en simulaciones de exploración en Marte llevados a cabo en Austria y España, a colaborar en el Google Lunar X-prize, a presentar el trabajo de la IAASS en la Asamblea Anual de Usos pacíficos del espacio exterior en la ONU, a representar a México a través de Space Generation, a presentar trabajos en el IAC, a visitar la capsula de Yuri Gagarin (el primer hombre en viajar al espacio), a visitar el centro de entrenamiento de astronautas en Rusia, a conocer la nave Rusa Buran, las naves estadounidenses Endeavour y Atlantis

         

Entrevista con Carmen Félix, quien hace unos días trabajó en una simulación de un viaje a Marte para realizar pruebas  con condiciones similares al planeta rojo, aunque Utah en los Estados Unidos de América.
"Es muy importante para cualquier  proyecto espacial y también para en un futuro si queremos ir a Marte,  hacer pruebas antes, para saber como va a funcionar, para saber si hay fallas y hay maneras de mejorar cosas y desarrollar la tecnología que hace falta, a ésto se le llama Space Analogs".      

 

Carmen Victoria Félix Cháidez es Maestra en Ciencias espaciales por la International Space University en Francia, obtuvo su licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones, es originaria de Culiacán, Sinaloa.

 

 

 



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Revista Hacia El Espacio de divulgación de la ciencia y tecnología espacial de la Agencia Espacial Mexicana.




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